29.1.11

no lo soñé e eee....



El 8 de febrero aterrizaremos en Caracas y Ceci estará allí, esperándonos, con su bien despachado metro ochenta de alegría y vitalidad. Magda y Agus irán conmigo. Mis hijas son una fiesta y ya empiezo a disfrutarla.

Venezuela será nuestro primer destino. Ceci llegó en setiembre del año pasado, movida por alguna loca pasión o por la suma de dos medias pasiones: un hombre y un lugar. Hombre y lugar no coincidían, pero lejos de ser un problema, resultó una guiñada de la vida. Sucedió que, después de una temporada turbulenta en Puerto La Cruz (ciao, “hombre”), se asiló en su refugio sabánico con nombre de pájaro (hola, “lugar”!).


El Paují es una pequeña comunidad rural, cercana a la frontera con Brasil, que descubrió en el primer viaje a Venezuela y ahí mismo declaró _patrimonio de la cecilidad. Dice que es un lugar mágico, y yo le creo. Profundamente creo en la magia de la gran sabana venezolana; es más, la estoy sintiendo ahora. Es una magia antigua que sale del piano de mi madre y recorre el tiempo. Es la magia de la voz de mi padre cantando con ella el joropo Alma Llanera que [alabado sea youtube], volví a escuchar esta tarde.




Pero este viaje que hasta aquí era un sueño, tiene un bonus track: Cuba. CCC. Cuba-Con-Cecilia. Cuba con mi hija andariega. Cuba con mi niña-guevara.


Cuba es un ícono familiar. Escuché a Joaquín defender la revolución decenas de veces en los veintipico de años de convivencia. Constaté una y mil veces su honda emoción por los logros de la revolución. Tanta vehemencia ponía en la “defensa” del régimen, que llegó a irritarme más de una vez. Pobre de mí. Ahora que pasaron los años y pienso en Joaquín y su discurso, sé que tuve suerte de escucharlo, y que tienen suerte mis hijos con un padre capaz de vibrar con la determinación de un pueblo por conquistar sus derechos. Ojalá Joaquín tenga esta pequeña-gigante suerte mía de hoy. Ojalá, ojalá, ojalá pueda pisar esa tierra y recorrerla tomado de una mano querida.

He vuelto a escuchar a Silvio, a Pablo y a buscar en la poesía de Martí y Guillén, los rastros de una sensibilidad entrañable. Pasé enlaces a Ceci y un texto que invita a respetar y querer al pueblo cubano.

Pero subirse a un avión no deja de ser un trámite movilizador. Las despedidas tienen cierto saborcito definitivo. O así lo siento. Voy a volar y quizás sea la última oportunidad para.
Entonces todas las palabras no dichas y los deseos no cumplidos empujan para tener el primer lugar en la fila del reclamo -ellos no saben que no precisan gritar, los oigo y reconozco a todos, aunque no responda. Esto también está entre los preparativos del viaje. Ya me ocupé de guardarlo con el pasaporte ;)


Y ahora, a gozaaal, chico, a gozzaaaaal...!!