Hoy es un día hermoso. El frío sigue sin dar tregua pero el aire es tan limpio y seco, que bendigo tener la nariz destapada para robarme todo el oxígeno que cabe en mis pulmones, una suerte que pocos poseen en esta época del año.
Pasaron catorce meses desde la última vez que estuve por acá. Catorce meses con sus tres o cuatro vidas. Por las dudas y porque la tentación es grande, voy a empezar declarando que no habrán penas en las sucesivas entradas de este tramo del blog. Es más. Hace unas semanas registré un nuevo sitio en blogger, con un nombre perfectamente alegre y adecuado para las circunstancias. Sin embargo, acabo de desistir. La idea de seguir desperdigando tramos de vida por la web, ya "no me agrada" (grande viejita!). Y aquí estoy otra vez.
Quepeña temende era el nombre.
La semejanza con pequeña demente es eso, pura semejanza. Dice Pancho que en polaco antiguo - lengua en desuso que él se afanó en estudiar-, significa "mi amor adorado". Fue él quien me la regaló.
Estuve googleando y parece que es cierto. Es una expresión común entre los enamorados para decirse cuánto se quieren. Pero a mí, además, me provoca algo parecido al towanda de mis treinta y pico... una suerte de grito de guerra o envión al encuentro de cosas lindas.
Y ya no se hable más. Aquí vamos :)